Fecha de publicación: 17 Agosto 2021
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Referencia
Herndon, J.M.; Hoisington, R.D.; Whiteside, M. (2020). Las estelas químicas no son estelas: evidencia radiométrica = Chemtrails are Not Contrails: Radiometric Evidence. Journal of Geography, Environment and Earth Science International, 24(2), pp. 22-29.
Introducción
01. La geoingeniería de aerosoles troposféricos, conocida como TAG es a menudo confundida con la geoingeniería solar que se produce en la estratosfera para reducir la incidencia de la radiación solar. Si bien ambas tienen en común la inyección de aerosoles, los materiales de fumigación pueden variar, así como las cotas de diseminación del material. Por ejemplo, la fumigación a cotas estratosféricas requeriría aviones militares, globo/drones experimentales, o bien aviones comerciales especialmente preparados para ascender a tales cotas. Sin embargo la fumigación troposférica se produce en las cotas habituales en las que operan los aviones comerciales, esto es en torno a 5 y 10 km de altura. La ventaja de la fumigación troposférica es su coste más reducido, debido a que puede emplearse cualquier aeronave civil a reacción. Como contrapartida, la altura a la que potencialmente se fumigaría quizás no sea suficiente para una mayor cobertura, lo que implica una estrategia de fumigación por lineales y cuadrantes, muy similar a la que realizaría un tractor al arar el campo. Lamentablemente, la literatura científica es reducida en relación a la geoingeniería de aerosoles troposféricos, que como ya se puede suponer se encuentra muy vinculado al fenómeno de las estelas químicas o Chemtrails. En esta entrada se analiza el artículo de (Herndon, J.M.; Hoisington, R.D.; Whiteside, M. 2020) en el que demuestran empíricamente la presencia de chemtrails. Antes de avanzar en el conocimiento de las frecuencias de radiación ionizantes en la atmósfera y su interacción con las nubes químicas tras los chemtrails, parece necesario identificar algunos tipos de nube química, producidas por este fenómeno. En este sentido, el artículo proporciona material gráfico relevante.
Hechos
01. Los autores pretenden desvelar la verdad sobre algunas de las estelas que dejan tras de si los aviones “Se hacen esfuerzos concertados para engañar al público haciéndole creer falsamente que las estelas de aerosoles de la astrofísica a reacción, llamadas estelas químicas por algunos (chemtrails), son estelas inofensivas de cristales de hielo de la humedad de los gases de escape de los motores de aeronaves. Nuestro objetivo es utilizar medidas radiométricas en el rango de 250-300 nm para mostrar que una estela química típica no es un contrail, y generalizar ese hallazgo con datos adicionales“. Los “contrail” son las estelas de condensación típicas, producidas por el calor de los motores jet de un avión. No confundir con los chemtrail, que son las estelas químicas, propias de la fumigación.

02. Dado el interés de la explicación dada por los investigadores, se expone íntegramente para su análisis “La absorción de UV durante el tiempo del tránsito del sensor radiómetro a través del rastro de aerosol es una evidencia radiométrica inequívoca de que el chemtrail no es una estela de cristal de hielo porque la absorción de UV por el hielo a lo largo del intervalo de longitud de onda medido es insignificante. El coeficiente de absorción del hielo, k-ice, a 300 nm es ≤ 0,1 m-1 y 0,665 m-1 a 250 nm. La reflectividad cercana al 100% de la nieve es una prueba más de la absorbancia espectral extremadamente baja del hielo. De hecho, << entre 300 y 600 nm, la absorción por el hielo es tan débil que para algunos propósitos geofísicos también se puede establecer en cero, por ejemplo, al calcular la absorción de la radiación solar por las nubes de hielo, porque las longitudes de las trayectorias de fotones a través de los cristales de hielo atmosféricos son muy pequeños en comparación con la longitud de absorción >>. Sin embargo, la absorción de UV por material particulado, incluidas las cenizas volantes de carbón, es totalmente coherente con los datos que se recogieron. También se analizaron los rastros de partículas aéreas (chemtrails) que incluye senderos blancos y senderos negros. Las estelas blancas son blancas porque se dispersa una alta proporción de luz incidente, solo se absorbe una parte. Los senderos negros son negros porque hay muy poca dispersión; la mayor parte de la luz incidente se absorbe. Los rastros negros no pueden ser estelas de cristal de hielo porque, como se discutió anteriormente, el hielo tiene una baja absorción no solo de los rayos UV, sino también de la luz visible. Otras manifestaciones físicas de las estelas de aerosoles son igualmente incompatibles con las estelas de cristal de hielo. Estos incluyen la dispersión en lugar de la evaporación, la producción espontánea de estelas de partículas de inicio-parada-inicio, y el origen de estelas a veces no está asociado con el escape del motor“. Esto significa que la intensidad de los rayos ultravioleta UV no es la esperada con una estela de condensación y cristales de hielo, tal como se puede comprobar en la figura 2.

03. También señalan que “El material particulado en la troposfera se calienta por la radiación solar y la radiación de la Tierra, transfiere ese calor a la atmósfera por colisiones moleculares, lo que reduce la convección atmosférica y, concomitantemente, reduce la pérdida de calor de la superficie, causando el calentamiento local y/o global y combinado con otras técnicas derrite el hielo polar“. Esto justificaría que el calentamiento global es antropogénico, pero no necesariamente causado por los gases de efecto invernadero CO2, dado que los autores atribuyen la causa de la fumigación troposférica como responsable de estos efectos, calificando a esta acción de “fumigación aérea encubierta para provocar deliberadamente el caos climático, inundaciones, sequías y malas cosechas“. Por tanto, afirman que “la pulverización aérea de partículas es una contaminación del aire deliberada“.

04. En conclusión, los investigadores afirman que “hemos presentado mediciones radiométricas que prueban inequívocamente la falsedad de esa caracterización para un caso específico, pero típico. Mostramos en un marco más general que las manifestaciones físicas de los rastros aéreos son incompatibles con las estelas de cristal de hielo, pero completamente coherentes con los rastros de partículas de aerosol“. Dicho de otra forma, concluyen que el fenómeno observado en el cielo no corresponde a los efectos de nubes de condensación, dado que no se obtienen lecturas radiométricas propias de los cristales de hielo, lo que demuestra que se está produciendo un fenómeno diferente, que encaja con la fumigación o inyección de aerosoles troposféricos. Además mencionan las posibles causas o razones del engaño “¿Por qué la desinformación generalizada sobre las estelas de partículas aéreas / aerosoles troposféricos? Probablemente porque ambos, el o los propósitos de encubrimiento de la fumigación aérea y la salud humana y ambiental traen consecuencias adversas que serían repugnantes para el razonamiento público“. Finalmente los investigadores piden que “por el bien de la vida en la Tierra, la modificación del medio ambiente natural mediante la pulverización aérea de partículas y otras metodologías debe terminar de forma inmediata y permanente“.
Opiniones
01. Los investigadores demuestran con metodología científica que las estelas de algunos aviones no corresponden a la lógica condensación y cristalización de hielo, provocada por el calor de los motores jet. Claramente se descubre que existe un patrón radiométrico diferente que prueba la existencia de chemtrails o inyección de aerosoles troposféricos TAG. Por otra parte, los autores son muy claros en sus afirmaciones sobre las consecuencias y posibles causas del fenómeno. Resultaría conveniente poder repetir la prueba en distintos países para que su estudio no fuera aislado y obtuviera el refuerzo de la comunidad científica. Sus pruebas abren y centran la investigación en los componentes empleados en la fumigación troposférica y en la hipótesis de su excitabilidad o bien capacidad repetitiva o multiplicadora de las ondas electromagnéticas, con capacidad de ionización. Tales aspectos serán abordados en próximas entradas. Sin embargo, ya se pueden ir considerando algunos tipos de materiales como firmes candidatos de fumigación troposférica, con las pistas dadas por (Herndon, J.M.; Hoisington, R.D.; Whiteside, M. 2020), en concreto, todos los aerogeles/hidrogeles de geoingeniería, que provoquen reacciones químicas en la troposfera, que sirvan para potenciar el calentamiento global o bien la producción de gases de efecto invernadero y que a la par puedan producir un efecto potenciador de las ondas electromagnéticas hasta sus niveles ionizantes, como lo haría una antena fotoconductora para la emisión de terahercios. Aunque puedan encontrarse pistas en la literatura científica, parece necesario conocer algo más de las evidencias físicas del material precipitado tras las fumigaciones. Se hace necesario disponer de fotografías de dicho material, posibles reacciones al agua oxigenada, a fin de descartar la presencia de Fe3O4, el análisis de laboratorio para la localización de grafeno u otros materiales, así como la sistematización de la recogida de los materiales. Esto podría ayudar a determinar los restos de las reacciones químicas producidas en la atmósfera y así poder inferir la ingeniería inversa necesaria para esclarecer la naturaleza de los compuestos y materiales con los que se ha fumigado.